NÚMERO 10

     

WALTER BONATTI, UNA LEYENDA CLÁSICA Y CONTEMPORÁNEA

Sonia Sbolzani

 

Cuando los dioses hablaban con los hombres y el mundo estaba poblado por héroes, el alpinismo era una forma de religión civil, una alegoría de aquellos sufrimientos y sacrificios que debían soportarse para un mejor futuro.
Hoy, el alpinismo ha perdido mucho de ese halo mítico que hacía de él un deporte completo, lleno de técnica y pasión, emoción y búsqueda, resistencia y rebeldía;un deporte que mostraba poco o ningún interés por cronómetros, premios, publicidad y que, por otra parte, era amigo de emociones intensas.
Walter Bonatti sigue siendo el símbolo de aquel “ rocoso “ heroísmo. De pelo cano, este espléndido octogenario conserva el entusiasmo y espíritu propios de la mayoría de los jóvenes. Nacido en 1930 en Bergamo, Walter Bonatti fue el protagonista de un periodo de logros excepcionales que duró quince años ( logros a veces dramáticos y con la consecuente polémica) hasta su repentina decisión, tomada en 1965, de abandonar el mundo del montañismo. Entonces, se dedicó con éxito a las crónicas de viajes para el semanal “ Época”, confirmando ser un explorador muy capaz- mochila al hombro y cámara en mano- de encarnar el auténtico espíritu del aventurero. No en vano, se considera que reinventó y revitalizó la profesión de reportero de viajes( antes de conocerlo, la famosa actriz Rossana Podesta, mujer que a la postre se convertiría en su compañera, reveló en una entrevista que, de no haber trabajado en el cine, le habría gustado acompañar a Walter llevando su cámara).
Reservado e introvertido, contrario a tendadoras llamadas consumistas o mediáticas, Bonatti intentó siempre llevar a cabo sus escaladas al margen de la atención pública, aunque fue él a veces quien rompió el silencio. El episodio más célebre tiene que ver con la conquista italiana del K-2 en 1954: logró cambiar sustancialmente la historia oficial, pues documentó con autoridad su decisiva contribución al éxito de Achille Compagnoni y Lino Lacedelli en la expedición comandada por Ardito Desio en el Karakórum ( Bonatti , que entonces tenía 24 años, era quien transportaba botellas de oxígeno para sus compañeros. Tras soportar terribles condiciones de acampada a más de 8.000 metros de altura, escapó a la muerte de milagro).
Su nombre está igualmente ligado a otros legendarios ascensos de una audacia y tenacidad tal que , a veces, terminaron en tragedia.
Pensemos, por ejemplo, en la fatal tentativa de subida al Pilar Central de Freney en 1961: en esta ocasión, las expediciones francesa e italiana, que ya avistaban la cima del Mont Blanc, quedaron atrapadas por una tormenta y se vieron obligadas a retirarse ( retirada dirigida por Bonatti, quien tan solo logró salvar a uno de los seis hombres que lo acompañaban).
Memorable, por otra parte, fue la escalada en solitario al Pilar suroeste del Dru ( la más bella cima del Mont Blanc por el lado francés). La culminó , después de seis días extremadamente difíciles, en el año 1955(en aquella ocasión, la revista” Paris-match”lo definió como “ el más grande alpinista del mundo”.
Ya en 1951, siendo un desconocido trabajador de la siderúrgica Falck, había conquistado la cara esta del Gran Capucin, en el macizo del Mont Blanc, junto con Luciano Ghigo ( trabajador de la Fiat).
Fue también Walter Bonatti quien abrió una nueva ruta por la parte norte del Cervino ( siempre en solitario y durante el invierno), en lo que fue la última de sus extraordinarias empresas antes de retirarse.
Hoy, Walter Bonatti, aunque apartado ya de la escena, continúa involucrado en el mundo del montañismo, convertido en un excelente tributo a ese mundo heroico tan distante en el tiempo. A sus 80 años, vividos con la intensidad de una escalada, queremos rendirle nuestro pequeño homenaje con este artículo, en la certeza de que, al forjar su leyenda, este héroe nunca envejecerá.

 
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